El ser surgido de esta transformación soltó un
grito gutural seguido de un gruñido y se abalanzó sobre Alberto frente a las
miradas ansiosas de las chicas. Nuestro héroe consiguió salvarse gracias a su
rapidez pero el filo de la espada le dio en un costado y la sangre comenzó a manar
sin descanso. El resultado de la batalla parecía ya claro y los ánimos de
nuestro héroe estaban por los suelos, pero recordó a sus amigos atrapados y a
su pueblo destruido sacando así fuerzas de flaqueza con un potentísimo grito
que desquebrajó la armadura y las armas del mostruo, a esta nueva técnica la llamó
“el Aullido de Bestia”, seguidamente descuartizó al enemigo. Esto no le gustó a
Mar y a Laura que, completamente enfurecidas, aparecieron de las sombras con
dos brillantes y preciosos trajes a juego. Las bailarinas retaron a nuestro
héroe a un duelo de danza.
Alberto no sabía qué hacer, él no
sabía bailar; mientras que las chicas, que ya habían comenzado su espectáculo,
se movían en la pista con pasos elegantes y movimientos enigmáticos al compás de
una suave y melodiosa música. Laura y Mar acabaron su perfecta coreografía e
invitaron al más que asombrado héroe a salir al escenario. Alberto estaba muy
nervioso y confuso y ya estaba pensando en la humillación que iba a suponer
perder de una manera tan tonta cuando se le ocurrió una última baza, bailar la
canción de moda de esos momentos, “Gangman Style”. El sudor le resaltaba en la
frente y el cuello y tenía todas las mejillas coloradas a causa de la vergüenza
pero consiguió acabar el baile imitando a la perfección al artista coreano PSY
dejando a las dos chicas completamente humilladas y fuera de juego (bueno, para
ser sinceros estaban en el suelo intentando contener sus carcajadas y
aporreando la pista con los puños pero lo importante es que pasó la prueba) Las
dos bailarinas comenzaron a brillar y desaparecieron dejando tras de sí una
bola de acero con un lobo grabado a fuego, seguir que esa esfera albergaba el
alma de Tesancito.
Nada más recoger su nuevo tesoro, un
estremecedor rugido le provocó un escalofrío que le recorrió toda la espalda;
era Steven que no estaba dispuesto a
dejarle proseguir su camino. A nuestro héroe le pareció algo un tanto extrañó,
ya había acabado su trabajo allí, pero estaba dispuesto luchar. Alberto esquivó
las dentelladas y las embestidas del gigantesco huargo gris que se lanzaba al
ataque y cuando vio la oportunidad de contraatacar clavó su espada, que casi ni
había podido desenvainar, en el corazón de la bestia.
Ésta se desplomó con un sonido
sordo, sin vida, pero en seguida empezó a moverse y se levantó lentamente con
una brillo asesino en sus brillantes ojos ambarinos y de un mordisco de arrancó
se arrancó la espada del torso y la lanzó con fuerza fuera del alcance de
Alberto. Nuestro héroe se quedó completamente anonadado al ver como Steven
levantaba la cabeza hacía la luna y aullaba en un tono lastimero a la vez que
amenazante, tras esto se colocó a dos patas
y creció hasta adquirir la forma de un temible y fuerte hombre lobo.
Alberto utilizó su técnica “los Colmillos de Lobo” contra aquella bestia, pero
su piel, dura como el diamante, impidió que el hombre lobo sufriese algún daño.
Steven destruyó de un zarpazo el suelo bajo los pies de nuestro héroe que lo
esquivó en el último momento; el hombre lobo empezaba a ponerse nervioso y
entre gruñidos guturales soportaba todos los golpes de Alberto sin muestra de
efecto.
Nuestro héroe estaba a punto de rendirse
cuando recordó un dato importante; a los hombres lobo les afectaba la plata y
por suerte (o coincidencia, quién sabe) llevaba un cuchillo de ese mineral.
Éste se llevó la mano a la pierna y desenvainó el arma tras lo que la clavó en
el abdomen de la bestia. Al contacto con la hoja del cuchillo la carne se abría
como si estuviese partiendo papel y empezaba a oscurecerse como si se pudriese;
tras unos instantes la bestia desapareció entre agonizantes aullidos de dolor
dejando tras él una pequeña lámina de mármol con un pentagrama tallado en su
pulcra superficie, Alberto supuso que ese fragmento caracterizaba a Laura y
sonrió para sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario