Esta vez nos hemos retrasado un poquito (dos días, tampoco es mucho :P), pero bueno, aquí teneis la historia!!!
Nuestro héroe se encontraba en un
paraje oscuro y tenebroso. No tenía ni
idea de qué debía hacer allí y estaba a punto de perder los estribos cuando vio
a Jareño a pocos metros de él. Alberto cogió su espada y se lanzó contra él. Su
rival le esquivó sin problemas y le colocó la mano en el pecho, Alberto sentía
como el corazón se le retorcía y gritó de dolor. Jareño le pidió que suplicase
piedad, que rogase por su vida, pero nuestro héroe no se rebajó tanto y le
escupió un chorro de saliva ensangrentada a la cara rechazando su propuesta.
Jareño le arrebató la espada y se
dispuso a decapitarle, pero Alberto usó “el Aullido de Bestia” que dejó aturdido
a Jareño y aprovechando ese momento le golpeó con fuerza en la nuca con el
canto de la espada. Su rival cayó y su cuerpo comenzó a emitir un aura
brillante y oscura al mismo tiempo que infundía temor y respeto. Su figura se
deformó en una masa violeta que empezó a amasarse y estirarse hasta adquirir la
forma de Alberto. Éste no podía creer lo que estaba viendo, había presenciado
cosas raras pero tanto como esa no. La masa incorpórea se le acercó y le dije
con voz grave y afligida: “Me das lástima, ¿qué ha sido de aquel chico que
luchaba por sus seres queridos?” Alberto
no pudo soportarlo y le atacó con todas sus fuerzas pero todos sus movimientos
eran bloqueados.
Nuestro héroe estaba exhausto y sin
fuerzas cayó al suelo pero su copia le agarró del cabello y levantándole la
cabeza acercó su rostro al suyo y le masculló: “Lucha en serio o ni te
levantes” Este gesto le hizo pensar a Alberto y con una expresión de profundo
odio agarró su espada y se incorporó. Sin pensar en las consecuencias utilizó
su nueva técnica, “el Bocajarro Helador”
y sus puños, más poderosos que nunca, se lanzaron contra el contrincante. Uno
tras otro arremetían contra el cuerpo de su copia y aunque él intentaba
pararlos al final cayó. Alberto respiró
hondo intentando recuperarse y miró al contrincante que en el suelo parecía
esbozar una sonrisa, éste susurró: “No te rindas, lucha por ellos” y cerró los
ojos para nunca más abrirlos; en ese momento se dio cuenta que aquel ser
violáceo solo había intentado ayudarle y se sintió un poco idiota pero entonces
notó algo en la mano y tras un breve destello de luz apareció en ella una
preciosa obsidiana con una inscripción de un demonio; había conseguido salvar a
Diabólica. Tras esto el agujero que le había llevado hasta allí volvió a
aparecer y saltó a él de vuelta a la playa donde Modales, Alcalde y Jareño le
miraban extrañados.
Alberto aprovechó para quitarle su
mochila a Jareño y guardar la nueva piedra tras lo que se colocó en posición de
combate con las energías renovadas. Los tres se lanzaron contra él pero éste
usó “la Lucha Interna” de nuevo y los esquivó sin mayor dificultad. Agarró a
Modales y a Alcalde y los lanzó, a la primera al grupo de palmeras que coronaba
la isla, y al segundo al mar; mientras Jareño intentaba de nuevo desgarrarle el
corazón colocándole la mano en el pecho, pero Alberto fue más rápido, le agarró
la mano y de un giro le rompió la muñeca. Jareño gritó de dolor y retrocedió
mientras Alberto le daba el golpe final con “el a Bocajarro Helado” dejándolo
completamente derrotado. Alberto, tras asegurarse de que Jareño no se
recuperaba, se lanzó al mar en busca de Alcalde. Éste se abalanzó contra él
pero nuestro héroe le agarró de ambos brazos y utilizó “los Colmillos de
Bestia” destrozando su armadura y su cuerpo. Alberto salió del mar y se dirigió
hacia las palmeras, Allí Modales intentaba hacerle una emboscada desde lo alto
de una planta pero Alberto de se percató de ello y partió en dos el tronco de
la palmera donde se escondía su enemiga. Una vez en el suelo, utilizó “el
Trueno de Ventisca” dejando calcinada a Modales y derrotando por fin a los
tres.
En ese momento aparecieron entre sus
manos una amatista, un azabache y una roca con una V, una seta y una naranja
sobre una acelga inscritas respectivamente; eran V-Víper, Seta y David. Entonces la playa desapareció y
el blanco lo inundó todo; el escenario era un lugar completamente vacío e
infinito a excepción de un lago que parecía emitir un aura mágica. Entonces se
dio cuenta de que de su mochila salía una luz brillante, eran las cinco últimas
piedras que habían rescatado que ante sus ojos se transformaron en Peño,
Diabólica, V-Víper, Davis y Seta. Pero el reencuentro duró poco ya que Iñiguez
Lass ya había llegado y estaba a punto de chasquear los dedos…
Mientras, en Valleperdido, la lucha
ya había terminado. Modales, Alcalde y Jareño estaban por los suelos intentando
soportar el dolor mientras las inexpresivas caras de Ivanhoe, Kiless, Gallalba
y Marinasa les escudriñaban; eran muy fuertes y staban muy bien entrenados. De
repente, y ante los atónitos ojos de los tres derrotados, los lacayos de
Iñiguez desaparecieron y Mamasuki y Katy, las únicas que aún no habían sido
derrotados ya que no habían participado en la lucha, aprovecharon para atar a
Jareño, Modales y Alcalde por si acaso se recuperaban y poder así seguir
cuidando de los heridos.
En el mundo blanco, Iñiguez les
sonrió sarcásticamente y chasqueó los dedos, milésimas de segundo después sus
cuatro lacayos ya estaban a sus espaldas dispuestos a cumplir las órdenes de su
superior. El mentalista les aclaró que su viaje finalizaba allí y extendiendo
la mano disparó un rayo que fue directo hacia Diabólica. Ésta, al sufrir el
impacto del ataque, empezó a brillar y se convirtió de nuevo en una obsidiana.
Iñiguez se rió de una forma extraña y con otro chasquido hizo desaparecer el
lago, la única forma de poder salvar a sus amigos. Un último chasquido e
Iñiguez desapareció para reaparecer varios metros más atrás junto con un gran
portón de madera que cruzó. Sus lacayos se dispusieron a evitar la entrada pero
Seta, David, Peño y V-Víper se encargaron de ellos dejando paso libre a Alberto
que pasó por la puerta. Aquel portalón daba a una gigantesca sala de paredes
rojizas y muebles cristalizados donde, sentado en una silla de cristal, Iñiguez
le esperaba. Éste sin tan siquiera levantarse hizo que del suelo emergieran
unas manos blancas y putrefactas que inmovilizaron a nuestro héroe.
Iñiguez se levantó pesarosamente y
le explicó que ese era su territorio, que no tenía nada que hacer. A Alberto no
le gustó esa idea y decidió intentar algo y utilizó “el Aullido de Bestia” que
destrozó toda la sala dejando al descubierto el exterior; a un lado se veía su
amado Valleperdido preso del pánico y la desesperación, en ruinas; y al otro el
espectáculo blanco donde sus amigos, derrotados, estaban tendidos en el suelo
mientras los lacayos del mentalista les observaban.
Iñiguez agarró del cabello a Alberto
y le hizo levantar la cabeza; éste le propuso un juego, ésta vez tendría que
derrotar a sus cuatro lacayos y si lo conseguía se enfrentaría a él. Alberto
aceptó, no iba a dejar que sus amigos hubiesen luchado para nada.