viernes, 19 de julio de 2013

EL PODER DE LA MENTE VI



Esta vez nos hemos retrasado un poquito (dos días, tampoco es mucho :P), pero bueno, aquí teneis la historia!!!          

            Nuestro héroe se encontraba en un paraje oscuro y tenebroso. No tenía  ni idea de qué debía hacer allí y estaba a punto de perder los estribos cuando vio a Jareño a pocos metros de él. Alberto cogió su espada y se lanzó contra él. Su rival le esquivó sin problemas y le colocó la mano en el pecho, Alberto sentía como el corazón se le retorcía y gritó de dolor. Jareño le pidió que suplicase piedad, que rogase por su vida, pero nuestro héroe no se rebajó tanto y le escupió un chorro de saliva ensangrentada a la cara rechazando su propuesta.
            Jareño le arrebató la espada y se dispuso a decapitarle, pero Alberto usó “el Aullido de Bestia” que dejó aturdido a Jareño y aprovechando ese momento le golpeó con fuerza en la nuca con el canto de la espada. Su rival cayó y su cuerpo comenzó a emitir un aura brillante y oscura al mismo tiempo que infundía temor y respeto. Su figura se deformó en una masa violeta que empezó a amasarse y estirarse hasta adquirir la forma de Alberto. Éste no podía creer lo que estaba viendo, había presenciado cosas raras pero tanto como esa no. La masa incorpórea se le acercó y le dije con voz grave y afligida: “Me das lástima, ¿qué ha sido de aquel chico que luchaba por sus seres queridos?” Alberto no pudo soportarlo y le atacó con todas sus fuerzas pero todos sus movimientos eran bloqueados.
            Nuestro héroe estaba exhausto y sin fuerzas cayó al suelo pero su copia le agarró del cabello y levantándole la cabeza acercó su rostro al suyo y le masculló: “Lucha en serio o ni te levantes” Este gesto le hizo pensar a Alberto y con una expresión de profundo odio agarró su espada y se incorporó. Sin pensar en las consecuencias utilizó su nueva técnica, “el  Bocajarro Helador” y sus puños, más poderosos que nunca, se lanzaron contra el contrincante. Uno tras otro arremetían contra el cuerpo de su copia y aunque él intentaba pararlos al final cayó.  Alberto respiró hondo intentando recuperarse y miró al contrincante que en el suelo parecía esbozar una sonrisa, éste susurró: “No te rindas, lucha por ellos” y cerró los ojos para nunca más abrirlos; en ese momento se dio cuenta que aquel ser violáceo solo había intentado ayudarle y se sintió un poco idiota pero entonces notó algo en la mano y tras un breve destello de luz apareció en ella una preciosa obsidiana con una inscripción de un demonio; había conseguido salvar a Diabólica. Tras esto el agujero que le había llevado hasta allí volvió a aparecer y saltó a él de vuelta a la playa donde Modales, Alcalde y Jareño le miraban extrañados.
            Alberto aprovechó para quitarle su mochila a Jareño y guardar la nueva piedra tras lo que se colocó en posición de combate con las energías renovadas. Los tres se lanzaron contra él pero éste usó “la Lucha Interna” de nuevo y los esquivó sin mayor dificultad. Agarró a Modales y a Alcalde y los lanzó, a la primera al grupo de palmeras que coronaba la isla, y al segundo al mar; mientras Jareño intentaba de nuevo desgarrarle el corazón colocándole la mano en el pecho, pero Alberto fue más rápido, le agarró la mano y de un giro le rompió la muñeca. Jareño gritó de dolor y retrocedió mientras Alberto le daba el golpe final con “el a Bocajarro Helado” dejándolo completamente derrotado. Alberto, tras asegurarse de que Jareño no se recuperaba, se lanzó al mar en busca de Alcalde. Éste se abalanzó contra él pero nuestro héroe le agarró de ambos brazos y utilizó “los Colmillos de Bestia” destrozando su armadura y su cuerpo. Alberto salió del mar y se dirigió hacia las palmeras, Allí Modales intentaba hacerle una emboscada desde lo alto de una planta pero Alberto de se percató de ello y partió en dos el tronco de la palmera donde se escondía su enemiga. Una vez en el suelo, utilizó “el Trueno de Ventisca” dejando calcinada a Modales y derrotando por fin a los tres.
            En ese momento aparecieron entre sus manos una amatista, un azabache y una roca con una V, una seta y una naranja sobre una acelga inscritas respectivamente; eran V-Víper,  Seta y David. Entonces la playa desapareció y el blanco lo inundó todo; el escenario era un lugar completamente vacío e infinito a excepción de un lago que parecía emitir un aura mágica. Entonces se dio cuenta de que de su mochila salía una luz brillante, eran las cinco últimas piedras que habían rescatado que ante sus ojos se transformaron en Peño, Diabólica, V-Víper, Davis y Seta. Pero el reencuentro duró poco ya que Iñiguez Lass ya había llegado y estaba a punto de chasquear los dedos…
            Mientras, en Valleperdido, la lucha ya había terminado. Modales, Alcalde y Jareño estaban por los suelos intentando soportar el dolor mientras las inexpresivas caras de Ivanhoe, Kiless, Gallalba y Marinasa les escudriñaban; eran muy fuertes y staban muy bien entrenados. De repente, y ante los atónitos ojos de los tres derrotados, los lacayos de Iñiguez desaparecieron y Mamasuki y Katy, las únicas que aún no habían sido derrotados ya que no habían participado en la lucha, aprovecharon para atar a Jareño, Modales y Alcalde por si acaso se recuperaban y poder así seguir cuidando de los heridos.

            En el mundo blanco, Iñiguez les sonrió sarcásticamente y chasqueó los dedos, milésimas de segundo después sus cuatro lacayos ya estaban a sus espaldas dispuestos a cumplir las órdenes de su superior. El mentalista les aclaró que su viaje finalizaba allí y extendiendo la mano disparó un rayo que fue directo hacia Diabólica. Ésta, al sufrir el impacto del ataque, empezó a brillar y se convirtió de nuevo en una obsidiana. Iñiguez se rió de una forma extraña y con otro chasquido hizo desaparecer el lago, la única forma de poder salvar a sus amigos. Un último chasquido e Iñiguez desapareció para reaparecer varios metros más atrás junto con un gran portón de madera que cruzó. Sus lacayos se dispusieron a evitar la entrada pero Seta, David, Peño y V-Víper se encargaron de ellos dejando paso libre a Alberto que pasó por la puerta. Aquel portalón daba a una gigantesca sala de paredes rojizas y muebles cristalizados donde, sentado en una silla de cristal, Iñiguez le esperaba. Éste sin tan siquiera levantarse hizo que del suelo emergieran unas manos blancas y putrefactas que inmovilizaron a nuestro héroe.
            Iñiguez se levantó pesarosamente y le explicó que ese era su territorio, que no tenía nada que hacer. A Alberto no le gustó esa idea y decidió intentar algo y utilizó “el Aullido de Bestia” que destrozó toda la sala dejando al descubierto el exterior; a un lado se veía su amado Valleperdido preso del pánico y la desesperación, en ruinas; y al otro el espectáculo blanco donde sus amigos, derrotados, estaban tendidos en el suelo mientras los lacayos del mentalista les observaban.
            Iñiguez agarró del cabello a Alberto y le hizo levantar la cabeza; éste le propuso un juego, ésta vez tendría que derrotar a sus cuatro lacayos y si lo conseguía se enfrentaría a él. Alberto aceptó, no iba a dejar que sus amigos hubiesen luchado para nada.
 

miércoles, 10 de julio de 2013

EL PODER DE LA MENTE V



            Tras todos estos sobresaltos, nuestro héroe ya creía que podía descansar unos segundos pero de entre las tinieblas apareció un nuevo enemigo, Estheria montada en su fiel montura Adian. Alberto le atacó por la espada pero Adián le dio una fuerte coz y lo tiró al suelo. Antes de que Estheria pudiese hacer nada Alberto se incorporó y derribó a su montura que quedó inconsciente del devastador golpe. Estheria se puso en pie y sacó su látigo tras lo que intentó atacar a nuestro héroe que se enroscó el arma en el brazo y de un tirón se lo arrancó a su rival de las manos. Alberto se abalanzó sobre Estheria y le colocó la punta de la espada bajo el mentón, ésta entre sollozos se rindió, pero en el último momento Adian se levantó y apartando de un empujón a Estheria de Alberto se unió a ella dando lugar a un magnífico centauro.
            El centauro, armado con un arco, comenzó a lanzar sus flechas a Alberto que las esquivó sin mucha dificultad. Cansado de esas pesadas complicaciones se colocó una flecha en su propio arco y con una impresionante precisión acertó en el arco de su contrario cortando limpiamente la cuerda. El centauro se quedó boquiabierto y aprovechando aquel momento de confusión Alberto le asestó una patada a la cabeza partiéndole el cuello y noqueándola al instante. Su cuerpo de convirtió en cenizas que se llevó el viento y entre sus restos apareció un pedazo de granito con un corcel dibujado, era Adian. El diamante reaccionó ante la nueva piedra y las dos comenzaron a brillar devolviéndole toda la fuerza y energía que había perdido su portador.
            Nuestro héroe se sentía de maravilla y con una gran sonrisa esperó el nuevo reto, la montaña despareció y en su lugar se encontró en un exótico paisaje submarino; le resultó extraño que pudiese respirar bajo el agua pero bueno, al fin y al cabo no estaba en el mundo real. Ante él apareció un gigantesco monstruo marino, Leonidas, que se presentó con un potente rugido. Alberto no se asustó, sino que sacó su espada y la hizo girar sobre su cabeza dando forma a un torbellino que mandó contra el monstruo. A éste le impactó de lleno y salió disparado chocando contra una pared de rocas; Alberto, para terminar, se le acercó y le cortó la cabeza tiñendo el mar de rojo sangre. Pero la batalla no había acabado, de las profundidades del océano emergió el científico loco Daniel Sebas, aliado del Alcalde Maléfico responsable del Centro Subterráneo de Transformación de Lava. Éste sacó un montón herramientas de su bata blanca e internándose en el interior del cuerpo inerte de Leonidas empezó a trabajar hasta dar vida a un gigantesco robot de dientes afilados sierras y aletas poderosas y fuertes.
            Alberto no sabía qué hacer, su torbellino no tendría suficiente fuerza para mover esa mole, las flechas no servirían de mucho bajo el agua y la espada no se le clavaría con facilidad. El monstruo le sacó de sus pensamientos con un potente golpe de aleta que le hizo estrellarse contra las rocas, cuando el monstruo se disponía a devorarlo, Alberto se colocó bajo él y haciendo acoplo de todas sus fuerzas utilizó de nuevo “los Colmillos de Bestia” destrozándole totalmente el motor que le daba la vida.
            Mientras el robot caía hacía el fondo del océano, Daniel Sebas salió de él dispuesto a huir, pero Alberto no iba a dejarle hacerlo por lo que se lanzó contra él con tal potencia que sacó a los dos del agua. La brutalidad del golpe había dejado al científico sin conocimiento así que en pocos segundos desapareció y en la arena de la playa apareció una aguamarina con las palabras “8 bits” escritas, Alberto sonrió al pensar que allí estaba Peño.
            Alberto la guardó en la mochila y justo al terminar de hacerlo una pequeña figura apareció de entre las palmeras y le arrebató la bolsa. La figura era Modales que con un brillo burlón en los ojos se guardó la mochila entre los ropajes y levantó las manos dispuesta a emplear los hechizos en la lucha. Su primer conjuro fue una lluvia de machetes seguida de un llameante círculo que iba cerrándose en torno a Alberto. Éste esquivó los cuchillos con movimientos firmes y decididos y se agarró a la rama de una palmera para impulsarse y saltar fuera de las llamas. Era su turno así que desenvainó la espada y fue a atacar a Modales, pero ella utilizó un conjuro defensivo que repelió la embestida y mandó por los aires a Alberto con un hechizo de rechazo.
            Nuestro héroe se sentía abatido pero no se rindió, sino que usó la "Lucha Interna" y se abalanzó a bocajarro contra Modales esquivando todos los proyectiles y destruyendo su escudo con las garras; para finalizar le asestó un derechazo en la mejilla que la lanzó con fuerza haciéndola chocar contra una palmera. Cuando iba a recoger su mochila del terroso suelo algo le golpeó por detrás. Su estado de combate ya se había consumido por lo que estaba algo débil pero se dio media vuelta descubriendo así a su rival, Alcalde. Los dos, sable contra espada, se retaron a duelo y entre tajos y estocadas ninguno parecía ceder. Los ánimos se estaban calentando y ambos empezaban a jadear de cansancio cuando Alcalde sacó su machete dispuesto a acabar la batalla; pero Alberto se percató de ello y en un abrir y cerrar de ojos sacó el suyo y se lo clavó a su contrincante en el abdomen. Alcalde cayó de bruces contra el suelo y Alberto limpió el filo de su cuchillo en sus ropas antes de volver a guardarlo.
            Sus dos actuales enemigos ya estaban derrotados pero entonces desde los cielos bajó Jareño que cicatrizó las heridas y recobró las fuerzas de sus aliados además de proporcionarles unas nuevas armaduras y armas. Por último cogió la bolsa de Alberto con una sonrisa malévola y abrió un agujero en el espacio al cual lanzó a nuestro héroe despidiéndole sarcásticamente con la mano.

miércoles, 3 de julio de 2013

EL PODER DE LA MENTE IV




            La pista de baile en la cual Alberto había competido y peleado desapareció y tras un instante de blacura apareció el paisaje de una oscura montaña. Allí le esperaban Dionisio, Fran y Marta; tres rivales débiles fáciles de derrotar con tres o cuatro golpes. Tras unos dos minutos de combate los rivales ya estaban suplicando por sus vidas casi inconscientes en el suelo, pero la batalla no había hecho más que empezar; los tres se elevaron en el aire y se fusionaron dando vida a un ser metálico y horrible con una fuerza más que sobrehumana.
            Éste ser comenzó a destruirlo todo a su paso dando manotazos y pisotones; a tanto estruendo y destrucción no podía faltar una persona, Diabólica que observaba todo desde la retaguardia sentada sobre el hombro de la Bestia Manolo. Al ver que su creación no era muy inteligente realizó un hechizo y junto a su fiel montura se unió al metálico ser, de aquella fusión nació una llameante y sangrienta criatura, el hijo de Satán. Alberto utilizó todo su repertorio de armas pero ninguna parecía afectarle: las flechas le resultaban como pesadas moscas veraniegas, los cortes de espada no le hacían el menor rasguño y atacarle con el machete parecía una hazaña demasiado peligrosa. De pronto el demonio apareció a sus espaldas y lo cogió entre sus gigantescas garras estrujándolo. Las llamas que rodeaban su esbelta figura abrasaban a nuestro héroe  y la fuerza del vástago del diablo le hacía gritar agónicamente, pero en el último momento de conciencia utilizó su técnica más novedosa, “el Trueno de Ventisca”, que carbonizó al enemigo. Alberto cayó al suelo entre un alarido de dolor pero tuvo fuerzas suficientes para arrastrarse en busca de la nueva piedra que había obtenido; una gigantesca esmeralda con un monstruo como inscripción, seguro que era la que contenía el alma de su buen amigo Manolo.
             Mientras tanto, en el valle, las cosas no iban muy bien. Las 4 fashion luchaban contra los lacayos del mentalista, el Orco J y Emogótica contra Alcade y Modales, y Alixan contra Jareño; pero estaba claro que aunque eran el mismo número en los dos bandos no estaban en igualdad de fuerzas. La ciudad estaba en ruinas,; todo era escombros y lamas junto con gritos y llantos, Mamasuki y Kathy se encargaban de evacuar el valle pero era una difícil hazaña debido a los constantes derrumbamientos. Alixan llamó a sus aliados pero era demasiado tarde, todos habían caído y ahora le tocaba a ella.
Cuando todos nuestros héroes fueron derrotados, los ex convictos se giraron hacía los lacayos de Íñiguez y Jareño, con una sonrisa malévola les dijo desafiante: “Gracias por hacernos el trabajo sucio, ahora es vuestro turno, no dejaremos que unos malnacidos nos arrebaten el valle” Pero antes de poder mover ni un músculo ya estaban rodeados por éstos, la batalla no había hecho más que empezar…
            En algún recóndito lugar, Alberto se internaba por la ladera de un monte. Ese lugar le daba muy mala espina, era siniestro y frío, y no parecía un buen lugar para hacer un picnic. Nuestro héroe había perdido mucha sangre y casi no podía mantenerse en pie por lo que se sentó apoyando la espalda en un viejo tronco y suspiró, si le atacaban en esos momentos tenía todas las de perder. Pasó unos minutos así, mirando las estrellas y respirando entrecortadamente hasta que dos sombras aparecieron ante él, los músculos de su cuello se tensaron y su mano se dirigió instintivamente a la empuñadura de su espada pero las sombras, que resultaron ser Mario Gross y la Presidenta, se limitaron a sentarse frente a él y mirarle sin expresión alguna.
            Las dos chicas le explicaron que no merecía la pena pelear, que sabían que no estaban a la altura y que iban a ser derrotadas por lo que preferían estar cómodas y esperar en lugar de cansarse. Alberto se tomó esto como un milagro y pasó unos diez minutos sentado intentando recuperarse un poco con dos miradas intensas clavadas en su cráneo y los nervios a flor de piel.
            Cuando se encontró un poco mejor ya no pudo soportar más esa situación y se levantó de un salto tirando a las dos chicas hacia atrás con el canto de la espada. Éstas volaron por los aires y se estamparon contra el suelo desplomándose como muñecos de trapo. Alberto, exhausto, se volvió a sentar junto al árbol pero en pocos minutos las chicas se habían levantado y se habían vuelto a sentar frente a él. Éstas se le quedaron mirando y de repente le sonrieron con una mirada siniestra y emitiendo un chillido llamaron a su líder, Alixar, que las agarró a ambas por el cuello y asfixiándolas se unió a ellas dando vida a una perfecta guerrera dispuesta a luchar.
            La nueva guerrera lanzaba bolas de fuego y viento gélido por sus guanteletes para hacer tropezar a Alberto al intentar esquivarlos mientras lo fustigaba con el látigo. Nuestro héroe estaba en las últimas por lo que utilizó “la Lucha Interna” aumentando su fuerza, fortaleza y velocidad. Alberto atacó a Alixan con su espada embistiéndola con el cuerpo y cuando su sable cayó al suelo, éste aprovechó para clavarle la espada entre los resquicios de su armadura acertándole en el costado. La guerrera fue a decir algo pero tosió y la sangre salió a borbotones de entre sus labios y desapareció dejando una pirita con una nota musical inscrita como recuerdo. Alberto tuvo la corazonada de que era Mar y la guardó en su mochila con cuidado.