Aquí llega una nueva entrega de nuestras extrañas historias, esperamos que os guste :)
He aquí una nueva historia de
nuestros más que conocidos héroes. Después de distintos secuestros, muertes,
guerras y traiciones; iba a llegar ante ellos una de las pruebas más difíciles
a las que nadie se ha enfrentado. Ahora, procederé con el relato.
Ya era el tercer aniversario de la
creación de Valleperdido por lo que Alberto, su regidor, decidió celebrar una
gran cena para sus amigos y vecinos. Además de los residentes del valle, acudió
Amalia con su compañero Adian, las bailarinas Mar y Laura, los colegas Peño y
David, Elaisa y su fiel amiga Pitufina y Manolo. Sobre la mesa fueron desfilando uno
tras otro los más sabrosos y estupendos platos que jamás habían probado,
realizados por los mejores cocineros contratados para la ocasión.
Entonces, una bola grisácea y peluda
salto a la mesa y bajo por el otro lado con un muslito de ave entre sus
diminutas fauces. Alberto decidió que aquel era el mejor momento para presentar
a la nueva mascota del reino; un pequeño lobezno, Tesancito, hijo del más que
famoso Steven. Nadie pudo retener el suspiro de encanto ante tal preciosidad;
incluso alguno tuve que levantarse para hacerle alguna carantoña o rascarle
detrás de la oreja ya que sino no podía quedarse tranquilo.
Mientras todos estaban distraídos
con la exquisita comida y los interesantes temas de conversación; el lobezno se
alejó del banquete, había percibido un olor extraño, alguien se acercaba. El
pequeño lobo tenía un gran coraje pero era demasiado joven para defenderse de
los problemas por lo que cuando se encontró con el intruso éste levantó una
mano y con un solo chasquido hizo desaparecer al lobezno pudiendo así seguir su
camino con tranquilidad.
Aquel hombre pronto consiguió llegar
a la sala donde todos comían y mientras todos comenzaban a desenvainar y
preparar sus armas; este se bajó la capucha dejando su rostro al descubierto. Era
el gran mentalista Iñiguez Lass que con un pequeño gesto hizo que sus secuaces;
Ivanhoe, Kiless, Gallalba y Marinasa, aparecieran en escena e inmovilizaran a
los héroes dejando salir entre gritos y llantos al populacho. Tras esto,
Iñiguez esbozó una siniestra sonrisa y, levantando su colgante plateado repleto
de inscripciones escarlata, hizo desaparecer a todos a excepción de Alberto que
permaneció amordazado en su sitio observándolo con una mirada de profundo odio
y desprecio.
Alberto tenía unas ganas
sobrenaturales de abalanzarse sobre el mentalista y arrancarle esa malévola
sonrisa de la cara a puñetazo limpio, pero su sentido común y las mordazas se
sobrepusieron, sabía que en cuanto intentara realizar cualquier movimiento sus
secuaces le rebanarían la cabeza.
El mentalista, al ver que todo
estaba bajo su control, se acercó a él y agarrándole del pelo para levantarle
la cabeza y que le mirase a los ojos le susurró unas palabras que Provocaron
que Alberto tuviese más ganas de destrozarle esa cara de idiota: “O me haces
caso y cumples mis órdenes o tus amigos están perdidos” El trato constaba en
que él sería su entretenimiento, tendría que viajar al mundo espiritual donde
pasaría una serie de pruebas para divertir a Iñiguez y de paso salvar a sus
amigos. Sabía que seguro tendría que tendría algún truco, pero qué podía hacer
más que acatar las órdenes. Sin que ellos se dieran cuenta mandó instrucciones
a Alixan, una vieja amiga que seguro que le apoyaría; le pidió que llamara a
Emogótica y J (que no habían podido asistir a la cena) y que junto a las 4
fashion protegieran Valleperdido; no se fiaba ni un pelo de ese mentalista, y
hacía muy bien.
Tras esto, Alberto fue liberado y
empujado a través de un agujero de gusano al interior del mundo espiritual, seguido
de cerca por el mentalista. Al llegar al otro lado de ese túnel a otra
dimensión se encontró solo en una pradera que conocía muy bien, era el primer
lugar que había pisado después de salir de la villa de Añón, pero aquella
tranquilidad no iba a durar mucho ya que un puñado de goblins salieron a su
encuentro de entre las sombras como tres años atrás, solo que ahora no había
nadie cerca para ayudarle.
Aunque la tarea de derrotarlos no
fue tan complicada como parecía en un principio, habían pasado tres largos años
y había aprendido mucho de tal manera que de una estocada o un tajo derribaba a
dos o tres bestias. Cuando parecía que todo había acabado y que había superado
la primera fase de ese estúpido juego, los cadáveres de los goblins se
aterieron mutuamente como sí se tratasen de macabros imanes y se unieron dando
vida a un gigantesco monstruo de fuertes músculos pero poco cerebro que empezó
a atacar sin ton ni son destruyendo todo a su paso con sus pesados pies.
Alberto prefirió no acercarse a tal criatura y sacando su arco le disparó tres
flechas casi al mismo tiempo; las cuales le acertaron en su estómago, pecho y
cráneo; aunque ninguna pareció tener ningún efecto. Entonces se le ocurrió una
fantástica idea, sacó una bolsita llena de un polvo especial parecido a la
pólvora que explosionaba al recibir un impacto lo suficientemente potente y lo
colocó en una flecha que lanzó al
monstruo .Ésta le acertó en el hombro y el gigantesco y estrambótico goblin le
arreó un fuerte golpe que le hizo explotar en un millar de pedacitos de carne
apestosa.
El monstruo por fin había sido
derrotado y en las manos de Alberto apareció una luz cegadora que se transformó
en un precioso rubí rojo brillante
con una inscripción de un elegante arco. En ese momento apareció Iñiguez,
Alberto se abalanzó sobre él, pero éste levantó una mano y lo dejó suspendido
sobre el aire sin que pudiese hacer nada más que patalear inútilmente; éste le
contó que cada vez que derrotase a un enemigo obtendría una piedra en cuyo
interior habitaba el alma de uno de sus amigos, en aquella se encontraba Elaisa, y tras una sonora carcajada desapareció
provocando la estrepitosa caída de Alberto.
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