miércoles, 12 de junio de 2013

EL PODER DE LA MENTE



                Aquí llega una nueva entrega de nuestras extrañas historias, esperamos que os guste :)
             He aquí una nueva historia de nuestros más que conocidos héroes. Después de distintos secuestros, muertes, guerras y traiciones; iba a llegar ante ellos una de las pruebas más difíciles a las que nadie se ha enfrentado. Ahora, procederé con el relato.
            Ya era el tercer aniversario de la creación de Valleperdido por lo que Alberto, su regidor, decidió celebrar una gran cena para sus amigos y vecinos. Además de los residentes del valle, acudió Amalia con su compañero Adian, las bailarinas Mar y Laura, los colegas Peño y David, Elaisa y su fiel amiga Pitufina y Manolo. Sobre la mesa fueron desfilando uno tras otro los más sabrosos y estupendos platos que jamás habían probado, realizados por los mejores cocineros contratados para la ocasión.
            Entonces, una bola grisácea y peluda salto a la mesa y bajo por el otro lado con un muslito de ave entre sus diminutas fauces. Alberto decidió que aquel era el mejor momento para presentar a la nueva mascota del reino; un pequeño lobezno, Tesancito, hijo del más que famoso Steven. Nadie pudo retener el suspiro de encanto ante tal preciosidad; incluso alguno tuve que levantarse para hacerle alguna carantoña o rascarle detrás de la oreja ya que sino no podía quedarse tranquilo.
            Mientras todos estaban distraídos con la exquisita comida y los interesantes temas de conversación; el lobezno se alejó del banquete, había percibido un olor extraño, alguien se acercaba. El pequeño lobo tenía un gran coraje pero era demasiado joven para defenderse de los problemas por lo que cuando se encontró con el intruso éste levantó una mano y con un solo chasquido hizo desaparecer al lobezno pudiendo así seguir su camino con tranquilidad.
            Aquel hombre pronto consiguió llegar a la sala donde todos comían y mientras todos comenzaban a desenvainar y preparar sus armas; este se bajó la capucha dejando su rostro al descubierto. Era el gran mentalista Iñiguez Lass que con un pequeño gesto hizo que sus secuaces; Ivanhoe, Kiless, Gallalba y Marinasa, aparecieran en escena e inmovilizaran a los héroes dejando salir entre gritos y llantos al populacho. Tras esto, Iñiguez esbozó una siniestra sonrisa y, levantando su colgante plateado repleto de inscripciones escarlata, hizo desaparecer a todos a excepción de Alberto que permaneció amordazado en su sitio observándolo con una mirada de profundo odio y desprecio.
            Alberto tenía unas ganas sobrenaturales de abalanzarse sobre el mentalista y arrancarle esa malévola sonrisa de la cara a puñetazo limpio, pero su sentido común y las mordazas se sobrepusieron, sabía que en cuanto intentara realizar cualquier movimiento sus secuaces le rebanarían la cabeza.
            El mentalista, al ver que todo estaba bajo su control, se acercó a él y agarrándole del pelo para levantarle la cabeza y que le mirase a los ojos le susurró unas palabras que Provocaron que Alberto tuviese más ganas de destrozarle esa cara de idiota: “O me haces caso y cumples mis órdenes o tus amigos están perdidos” El trato constaba en que él sería su entretenimiento, tendría que viajar al mundo espiritual donde pasaría una serie de pruebas para divertir a Iñiguez y de paso salvar a sus amigos. Sabía que seguro tendría que tendría algún truco, pero qué podía hacer más que acatar las órdenes. Sin que ellos se dieran cuenta mandó instrucciones a Alixan, una vieja amiga que seguro que le apoyaría; le pidió que llamara a Emogótica y J (que no habían podido asistir a la cena) y que junto a las 4 fashion protegieran Valleperdido; no se fiaba ni un pelo de ese mentalista, y hacía muy bien.
            Tras esto, Alberto fue liberado y empujado a través de un agujero de gusano al interior del mundo espiritual, seguido de cerca por el mentalista. Al llegar al otro lado de ese túnel a otra dimensión se encontró solo en una pradera que conocía muy bien, era el primer lugar que había pisado después de salir de la villa de Añón, pero aquella tranquilidad no iba a durar mucho ya que un puñado de goblins salieron a su encuentro de entre las sombras como tres años atrás, solo que ahora no había nadie cerca para ayudarle.
            Aunque la tarea de derrotarlos no fue tan complicada como parecía en un principio, habían pasado tres largos años y había aprendido mucho de tal manera que de una estocada o un tajo derribaba a dos o tres bestias. Cuando parecía que todo había acabado y que había superado la primera fase de ese estúpido juego, los cadáveres de los goblins se aterieron mutuamente como sí se tratasen de macabros imanes y se unieron dando vida a un gigantesco monstruo de fuertes músculos pero poco cerebro que empezó a atacar sin ton ni son destruyendo todo a su paso con sus pesados pies. Alberto prefirió no acercarse a tal criatura y sacando su arco le disparó tres flechas casi al mismo tiempo; las cuales le acertaron en su estómago, pecho y cráneo; aunque ninguna pareció tener ningún efecto. Entonces se le ocurrió una fantástica idea, sacó una bolsita llena de un polvo especial parecido a la pólvora que explosionaba al recibir un impacto lo suficientemente potente y lo colocó en  una flecha que lanzó al monstruo .Ésta le acertó en el hombro y el gigantesco y estrambótico goblin le arreó un fuerte golpe que le hizo explotar en un millar de pedacitos de carne apestosa.
            El monstruo por fin había sido derrotado y en las manos de Alberto apareció una luz cegadora que se transformó en un precioso rubí rojo brillante con una inscripción de un elegante arco. En ese momento apareció Iñiguez, Alberto se abalanzó sobre él, pero éste levantó una mano y lo dejó suspendido sobre el aire sin que pudiese hacer nada más que patalear inútilmente; éste le contó que cada vez que derrotase a un enemigo obtendría una piedra en cuyo interior habitaba el alma de uno de sus amigos, en aquella se encontraba Elaisa, y tras una sonora carcajada desapareció provocando la estrepitosa caída de Alberto.

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