jueves, 6 de junio de 2013

EL CENTRO, EL DIOS Y LA DESTRUCIÓN III



          La travesía hacia el centro terrestre fue larga pues las rocas eran muy resistentes y la distancia muy grande, pero estaban bien preparados con provisiones abundantes y diferentes juegos de mesa y barajas de cartas (incluso tenían televisión y videojuegos) Tras una semana de viaje, el perforador encontró un gran hueco vacío en el centro de la Tierra donde alguien había construido una pequeña base. Todos, incluido J que por el calor terrestre había logrado salir de su prisión helada, se pusieron sus trajes térmicos y comenzaron a investigar. No encontraron ningún rastro de que hubiese humanos por la zona ni de esas extrañas rocas crea-corrientes pero si unos extraños seres parecidos a los topos pero de un tamaño considerable.
            Éstos recogían lava de un reguero que había quedado sin solidificar con unos guantes especiales y los moldeaban hasta obtener la forma de la piedra que habían encontrado en el ojo del huracán, pero aún faltaba algo, el extraño resplandor que la hacía única. Siguieron observando durante un largo tiempo hasta que los topos hubieron llenado una especie de plataforma, que parecía por un largo túnel hasta la superficie, con esas rocas de magma solidificado. Entonces los topos se subieron al artefacto y comenzaron el ascenso.
            Alberto y sus colegas se montaron al Estrellius y siguieron a los topos hasta la superficie. Una vez allí, descubrieron que habían llegado a una especie de isla desierta con exuberantes y preciosas plantas, Todos estaban concentrados en seguir a los topos y ensimismados por la belleza del paisaje por lo que no prestaban mucha atención a sus compañeros. Al pie del camino había un pequeño riachuelo donde Amalia y Adian se pararon a beber, pero del agua salieron unos brazos blancuzcos que los atraparon en su abrazo y los llevaron al fondo del río; nadie pareció darse cuenta. Unos metros más adelante, una montaña de mangas se elevaba con todo su esplendor y David y Peño se acercaron a ojearlos, entonces y sin previo aviso una red los atrapó. Un poco más tarde, apareció una pantalla gigantesca enseñando un videojuego repleto de sangre y muertes, y Emogótica y J se pararon para probarlo, pero la pantalla brilló con un resplandor fantasmal y les absorbió a su interior. Poco después V-Víper y Diabólica corrieron al bosque tras ver unas preciosas deportivas amarillo fosforito y una cinta para el pelo de oro puro. Nadie pareció darse cuenta de ninguna de estas desapariciones, imaginaos lo concentrados que estaban, por lo que al final solo quedaron Seta, Alcalde, Modales y Alberto.
            Allí, en lo más profundo del bosque, estaba  la verdadera base del enemigo. Las grandes puertas estaban abiertas por lo que pudieron entrar sin problemas pero, nada más llegar al interior, se cerraron con un sonoro golpe. Dentro del castillo había una gigantesca marmita repleta de un extraño de un líquido al que los topos arrojaban las rocas de magma y parecía darles su misterioso poder.
            Y, en la cumbre del trono más alto y más magnífico que habían visto nuestros héroes en todas sus vidas, se situaba el Dios Jareño que con un chasquido de dedos hizo que sus secuaces les atacaran. Pero esta vez no eran los enemigos los que les atraparon sino Modales y Alcalde que se habían aliado a Jareño para ayudarle a ser el Rey de Valleperdido y de paso cumplir su sed de venganza. Aunque habían sido tratados muy bien por Alberto y su equipo, habían sido humillados y no podían salir airosos de tal afrenta.
            Alcalde y Modales ataron de pies y manos a Seta y Alberto y se disponían a atacarles con sus hechizos y golpes de espada cuando una gigantesca moto destruyó la pared desde fuera y derribó a los dos traidores. La piloto de aquella maravillo no era otra que Alixan que, tras desatar a Seta y Alberto, le mencionó un asuntillo de deberle un favor. Al poco tiempo aparecieron las 4 fashion, las chicas que iban bajo el mando de Alixan, junto a los héroes desaparecidos y vigilaron a los traidores para que no se atreviesen ni a mover un músculo.
            En ese preciso momento Alberto se dio cuenta de que Jareño se disponía a huir pero consiguió alcanzarle en el último instante. Jareño desenfundó su espada pero Alberto no se iba a dejar intimidar después de las emociones de los últimos días por lo que, con una certera y brutal estocada, le arrebató al arma de las manos y le obligó a pedir clemencia.
            Tras atar de pies y manos a los tres nuevos convictos y destruir todo rastro de aquel extraño líquido todos volvieron a Valleperdido donde colaboraron para reconstruir el valle. En el nuevo Valleperdido incluyeron una prisión donde los primeros que tuvieron que pagar condena fueron Modales, Alcalde y Jareño; Alberto había comprendido tal vez un poco tarde que, una cosa es tener fe, y otra muy distinta ser un estúpido de narices.
            El regidor de Valleperdido le ofreció a su nueva camarada, Alixan, la posibilidad de ser Alcaide; pero esta la rechazó aclarando que su hogar estaba en la mar y que robar era su oficio pero que si en algún momento necesitaba una mano amiga, que no dudase en llamarla, que ella acudiría a ayudar en lo que fuese posible.
            Aquella noche, para recordar la travesía, se hizo un concierto de las mejores bandas y solistas del lugar que alegró los corazones de los aldeanos y, cómo no, de nuestros héroes.
            Una aclaración, por si no os habíais dado cuenta o no lo habíais entendido y os quedabais pensando que había pasado con las famosas Mamasuki y Katy, decidieron cambiar su concierto por éste porque seguramente, sin querer, habrían fastidiado el día.

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