miércoles, 10 de julio de 2013

EL PODER DE LA MENTE V



            Tras todos estos sobresaltos, nuestro héroe ya creía que podía descansar unos segundos pero de entre las tinieblas apareció un nuevo enemigo, Estheria montada en su fiel montura Adian. Alberto le atacó por la espada pero Adián le dio una fuerte coz y lo tiró al suelo. Antes de que Estheria pudiese hacer nada Alberto se incorporó y derribó a su montura que quedó inconsciente del devastador golpe. Estheria se puso en pie y sacó su látigo tras lo que intentó atacar a nuestro héroe que se enroscó el arma en el brazo y de un tirón se lo arrancó a su rival de las manos. Alberto se abalanzó sobre Estheria y le colocó la punta de la espada bajo el mentón, ésta entre sollozos se rindió, pero en el último momento Adian se levantó y apartando de un empujón a Estheria de Alberto se unió a ella dando lugar a un magnífico centauro.
            El centauro, armado con un arco, comenzó a lanzar sus flechas a Alberto que las esquivó sin mucha dificultad. Cansado de esas pesadas complicaciones se colocó una flecha en su propio arco y con una impresionante precisión acertó en el arco de su contrario cortando limpiamente la cuerda. El centauro se quedó boquiabierto y aprovechando aquel momento de confusión Alberto le asestó una patada a la cabeza partiéndole el cuello y noqueándola al instante. Su cuerpo de convirtió en cenizas que se llevó el viento y entre sus restos apareció un pedazo de granito con un corcel dibujado, era Adian. El diamante reaccionó ante la nueva piedra y las dos comenzaron a brillar devolviéndole toda la fuerza y energía que había perdido su portador.
            Nuestro héroe se sentía de maravilla y con una gran sonrisa esperó el nuevo reto, la montaña despareció y en su lugar se encontró en un exótico paisaje submarino; le resultó extraño que pudiese respirar bajo el agua pero bueno, al fin y al cabo no estaba en el mundo real. Ante él apareció un gigantesco monstruo marino, Leonidas, que se presentó con un potente rugido. Alberto no se asustó, sino que sacó su espada y la hizo girar sobre su cabeza dando forma a un torbellino que mandó contra el monstruo. A éste le impactó de lleno y salió disparado chocando contra una pared de rocas; Alberto, para terminar, se le acercó y le cortó la cabeza tiñendo el mar de rojo sangre. Pero la batalla no había acabado, de las profundidades del océano emergió el científico loco Daniel Sebas, aliado del Alcalde Maléfico responsable del Centro Subterráneo de Transformación de Lava. Éste sacó un montón herramientas de su bata blanca e internándose en el interior del cuerpo inerte de Leonidas empezó a trabajar hasta dar vida a un gigantesco robot de dientes afilados sierras y aletas poderosas y fuertes.
            Alberto no sabía qué hacer, su torbellino no tendría suficiente fuerza para mover esa mole, las flechas no servirían de mucho bajo el agua y la espada no se le clavaría con facilidad. El monstruo le sacó de sus pensamientos con un potente golpe de aleta que le hizo estrellarse contra las rocas, cuando el monstruo se disponía a devorarlo, Alberto se colocó bajo él y haciendo acoplo de todas sus fuerzas utilizó de nuevo “los Colmillos de Bestia” destrozándole totalmente el motor que le daba la vida.
            Mientras el robot caía hacía el fondo del océano, Daniel Sebas salió de él dispuesto a huir, pero Alberto no iba a dejarle hacerlo por lo que se lanzó contra él con tal potencia que sacó a los dos del agua. La brutalidad del golpe había dejado al científico sin conocimiento así que en pocos segundos desapareció y en la arena de la playa apareció una aguamarina con las palabras “8 bits” escritas, Alberto sonrió al pensar que allí estaba Peño.
            Alberto la guardó en la mochila y justo al terminar de hacerlo una pequeña figura apareció de entre las palmeras y le arrebató la bolsa. La figura era Modales que con un brillo burlón en los ojos se guardó la mochila entre los ropajes y levantó las manos dispuesta a emplear los hechizos en la lucha. Su primer conjuro fue una lluvia de machetes seguida de un llameante círculo que iba cerrándose en torno a Alberto. Éste esquivó los cuchillos con movimientos firmes y decididos y se agarró a la rama de una palmera para impulsarse y saltar fuera de las llamas. Era su turno así que desenvainó la espada y fue a atacar a Modales, pero ella utilizó un conjuro defensivo que repelió la embestida y mandó por los aires a Alberto con un hechizo de rechazo.
            Nuestro héroe se sentía abatido pero no se rindió, sino que usó la "Lucha Interna" y se abalanzó a bocajarro contra Modales esquivando todos los proyectiles y destruyendo su escudo con las garras; para finalizar le asestó un derechazo en la mejilla que la lanzó con fuerza haciéndola chocar contra una palmera. Cuando iba a recoger su mochila del terroso suelo algo le golpeó por detrás. Su estado de combate ya se había consumido por lo que estaba algo débil pero se dio media vuelta descubriendo así a su rival, Alcalde. Los dos, sable contra espada, se retaron a duelo y entre tajos y estocadas ninguno parecía ceder. Los ánimos se estaban calentando y ambos empezaban a jadear de cansancio cuando Alcalde sacó su machete dispuesto a acabar la batalla; pero Alberto se percató de ello y en un abrir y cerrar de ojos sacó el suyo y se lo clavó a su contrincante en el abdomen. Alcalde cayó de bruces contra el suelo y Alberto limpió el filo de su cuchillo en sus ropas antes de volver a guardarlo.
            Sus dos actuales enemigos ya estaban derrotados pero entonces desde los cielos bajó Jareño que cicatrizó las heridas y recobró las fuerzas de sus aliados además de proporcionarles unas nuevas armaduras y armas. Por último cogió la bolsa de Alberto con una sonrisa malévola y abrió un agujero en el espacio al cual lanzó a nuestro héroe despidiéndole sarcásticamente con la mano.

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