viernes, 6 de septiembre de 2013

(Título provisional III)



            Cuando el sol cayó subió a la cima de la montaña Lorengart; la más alta del reino, como le mandaba su condición de Discípulo de las Bestias, pero para su asombro ya había gente allí. Alberto sabía que Ivanhoe también había aprendido del maestro Anxel pero no sabía que Kiless, Rebeka, Hirene, Andrea, Stella, diRoma y Feldespato también lo habían hecho de él o de cualquier otro maestro de las Bestias. Al ver su cara de asombro, Ivanhoe se le acercó y le susurró al oído: “Debes empezar a someter a los tuyos a las disciplinas que nosotros hemos sufrido, sino jamás tendrás un verdadero equipo”.
            Alberto sabía que tenía razón, por lo que al día siguiente, que era descanso, sometió a todo su equipo a la prueba de iniciación. Los soltó en el bosque, con el pretexto de que tenían que buscar a Alixan, y les dijo que debían llegar al claro escondido entre los árboles donde él mismo les esperaría antes de medianoche.
            El sol ya había caído hacía unas horas y las campanadas pronto anunciarían un nuevo día, Alberto estaba a punto de darse por vencido cuando aparecieron tres figuras; David, Modales y Cristian habían logrado pasar la prueba de iniciación. Alberto sonrió para sí mismo, por fin actuaría como maestro.
            Al dia siguiente el equipo de Valleperdido empezó a entrenar su velocidad ya que empezaban las pruebas de atletismo. A excepción de Alcalde ninguno tenía una velocidad notable, por lo que intentaron exprimir sus cualidades al máximo. Mientras los tres novatos iban superando poco a poco las duras pruebas de su maestro. Llegado el día Alberto decidió que estaban preparados para el entrenamiento final para lo que debían partir al Monte de los Lobos donde el mismo fue instruido.
            Alberto pensó que para el día de las pruebas de atletismo ya estarían de vuelta, pero no fue así por lo que tuvieron que hacerla sin ellos. Como era de esperar perdieron casi todos los enfrentamientos pero a Alberto se le iluminó el rostro al ver llegar a sus tres aprendices por el horizonte, con un aura resplandeciente a su alrededor.
            Aquella noche Alberto recibió una visita inesperada, era Mario Gross, ya casi completamente recuperada, que le suplicaba participar en la siguiente competición. Alberto decidió concederle su petición pero cuando fue a contarle de qué se trataba escucharon un estruendo y rápidamente acudieron para ver qué lo había provocado. Resultó ser que Alixan había caído desde una altura considerable hasta una granja y en aquellos momentos estaba siendo picoteada por las gallinas. Alberto la recogió y la cargó sobre sus hombros para llevarla a la enfermería.
          

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