Cuando el sol cayó subió a la cima
de la montaña Lorengart; la más alta del reino, como le mandaba su condición de
Discípulo de las Bestias, pero para su asombro ya había gente allí. Alberto
sabía que Ivanhoe también había aprendido del maestro Anxel pero no sabía que
Kiless, Rebeka, Hirene, Andrea, Stella, diRoma y Feldespato también lo habían
hecho de él o de cualquier otro maestro de las Bestias. Al ver su cara de
asombro, Ivanhoe se le acercó y le susurró al oído: “Debes empezar a someter a
los tuyos a las disciplinas que nosotros hemos sufrido, sino jamás tendrás un
verdadero equipo”.
Alberto sabía que tenía razón, por
lo que al día siguiente, que era descanso, sometió a todo su equipo a la prueba
de iniciación. Los soltó en el bosque, con el pretexto de que tenían que buscar
a Alixan, y les dijo que debían llegar al claro escondido entre los árboles
donde él mismo les esperaría antes de medianoche.
El sol ya había caído hacía unas
horas y las campanadas pronto anunciarían un nuevo día, Alberto estaba a punto
de darse por vencido cuando aparecieron tres figuras; David, Modales y Cristian
habían logrado pasar la prueba de iniciación. Alberto sonrió para sí mismo, por
fin actuaría como maestro.
Al dia siguiente el equipo de
Valleperdido empezó a entrenar su velocidad ya que empezaban las pruebas de
atletismo. A excepción de Alcalde ninguno tenía una velocidad notable, por lo
que intentaron exprimir sus cualidades al máximo. Mientras los tres novatos
iban superando poco a poco las duras pruebas de su maestro. Llegado el día
Alberto decidió que estaban preparados para el entrenamiento final para lo que
debían partir al Monte de los Lobos donde el mismo fue instruido.
Alberto pensó que para el día de las
pruebas de atletismo ya estarían de vuelta, pero no fue así por lo que tuvieron
que hacerla sin ellos. Como era de esperar perdieron casi todos los
enfrentamientos pero a Alberto se le iluminó el rostro al ver llegar a sus tres
aprendices por el horizonte, con un aura resplandeciente a su alrededor.
Aquella noche Alberto recibió una
visita inesperada, era Mario Gross, ya casi completamente recuperada, que le
suplicaba participar en la siguiente competición. Alberto decidió concederle su
petición pero cuando fue a contarle de qué se trataba escucharon un estruendo y
rápidamente acudieron para ver qué lo había provocado. Resultó ser que Alixan
había caído desde una altura considerable hasta una granja y en aquellos
momentos estaba siendo picoteada por las gallinas. Alberto la recogió y la
cargó sobre sus hombros para llevarla a la enfermería.
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