miércoles, 7 de agosto de 2013

EL PODER DE LA MENTE VII

Siento mucho haberme ausentado tanto tiempo sin avisar antes (y más con una historia empezada), pero tenía que hacer unas cosas y no tuve tiempo de subirla.
Pero bueno, para disculparme colgaré el resto de la historia entera :)



            Cuando Iñiguez le soltó, todo se volvió blanco por un instante y al volver el color este apareció en una preciosa y exótica playa paradisíaca donde Gallalba, armada con una hoz de filo impresionante le miraba con unos ojos grandes y vacíos. Gallalba se llevó la hoz a la boca y lamió el filo con una enigmática expresión mientras Alberto levantaba la cabeza y aullaba con todas sus fuerzas para darse ánimos. Su rival empezó a cortar el aire mandando corrientes cortantes a Alberto que las esquivaba y se acercaba a Gallalba poco a poco. Cuando estuvo lo bastante cerca se abalanzó sobre ella sin que ésta pudiese evitarlo. Una vez inmovilizada le quitó la hoz y la ató con una cuerda para que no la molestase más, era una señorita y si podía evitarlo prefería no herirla.
            Tras esto apareció en una montaña nevada, donde Kiless le aguardaba. Éste se internó bajo la nieve pero esa fue su per¡or decisión ya que los entrenados sentidos de Alberto le revelaban su posición. Cuando lo tuvo justó debajo sacó la espada y la hundió en la nieve tras lo que se oyó un grito y la nieve se tiño de rojo. Alberto metió la mano en la nieve y sacó al derrotado Kiless al cuál ató y lanzó junto a su compañera; dos menos.
            Ahora se encontraba en un gran centro comercial, a los pies de la escalera mecánica más alta que había visto. A lo alto de ésta se encontraba Marinasa montada sobre una gigantesca moto que comenzó a bajar las escaleras para atropellarle. Alberto esperó el momento justo en completa serenidad y cuando la moto estaba a punto de embestirlo le clavó el machete pinchándole la rueda delantera y se hizo a un lado. La moto cayó y comenzó a dar vueltas sobre sí misma hasta que la fuerza del motor se acabó. Alberto se acercó allí donde Marinasa,, completamente noqueada, aún se agarraba al manillas de la moto; nuestro héroe la sacó de allí y la ató como a los demás. Ya solo faltaba Ivanhoe.
            El centro comercial despareció transformándose en una llanura donde Ivanhoe, la mano derecha de Iñiguez, le esperaba. Primero atacó el  lacayo del mentalista que se lanzó contra Alberto espada en mano, éste también desenvainó la suya y las dos espadas colisionaron resonando por todas partes y cayendo una a cada lado por la brutalidad de la embestida. Los dos, sin espadas, empezaron a pelear con los puños, golpe tras golpe ninguno parecía ceder pero Alberto decidió utilizar una de sus técnicas y uso “los Colmillos de Bestia” que ante sus ojos sorprendidos fueron imitados por Ivanhoe. Los dos acabaron malheridos tendidos en el suelo sobre un charco de sangre que iba aumentando conforme pasaba el tiempo. Alberto no se rindió y mientras se agarraba con una mano el costado utilizó “el a Bocajarro Helado” que fue combatido con la misma técnica de su enemigo. Ambos cayeron de espaldas metros más lejos, con un aspecto horrible y sin poder siquiera moverse. Alberto comprendió que Ivanhoe, al igual que él, También era un Discípulo de las Bestias; cosa que también reveló Ivanhoe por lo que decidieron dejar el combate en tablas.
            A Iñiguez no le gustó nada el resultado por lo que elevando los cuerpos de sus cuatro lacayos derrotados creó un musculoso monstruo armado con una hoz y una velocidad legendaria. Éste elevó su arma y la bajó con una increíble velocidad provocándole un gran corte en el torso a Alberto. Éste se incorporó ya muy débil y con una expresión de dolor en el rostro, e intentó usar “el Trueno de Ventisca” pero, debido a su falta de energía, no fue ni un pequeño rayo que se desvaneció antes siquiera de embestir al enemigo. Alberto probó todas sus técnicas pero ninguna dio resultado y no pudo evitar las embestidas ni los cortes del enemigo.
            Alberto ya no tenía nada que hacer, pero recordó su valle en ruinas y sus amigos que le apoyaban y sacando fuerzas de donde no quedaban utilizó una técnica que hasta el momento no había podido realizar, “el Fuego Interior” que rodeó su cuerpo en llamas y le renovó las energías. Nuestro héroe elevó la espada sobre su cabeza y empezó a asestar cortes al enemigo tras lo que golpeó con fuerza si tórax dejándolo sin respiración. Aprovechando la fuerza de “el Fuego Interior” y la confusión del momento usó “los Colmillos de Bestia” que destrozaron completamente al monstruo dejando los cuerpos magullados y derrotados de los lacayos esparcidos por el suelo.
            Iñiguez Lass apareció de entre las sombras aplaudiendo pausadamente, Alberto sabía que el mentalista le había estado observando y analizando sus movimientos y técnicas y sabía que la lucha iba a ser difícil. Iñiguez, que leyó la confusión es sus ojos, le explicó que todos sus lacayos habían sido al principio como él, guerreros dispuestos a luchar por sus amigos, pero que habían sido derrotados, ahora era su turno. Él no se dejó intimidar, lucharía por sus amigos, los salvaría y viviría para contarlo. “Así sea…” masculló el mentalista antes de comenzar la lucha. El mentalista lo lanzó contra la pared con su telequinesis y le hizo retorcerse de dolor desde su propio interior, pero era fuerte y consiguió librarse de sus garras acercándose a él y asestándole un puñetazo directo al estómago. Tras esto desenvainó su espada dispuesto a ensartar a Iñiguez pero éste no se dejó y le dio un golpe en la nuca. Alberto se lo devolvió con un derechazo en la mejilla pero Iñiguez decidió pasar a cosas más serias y le lanzó una lluvia de rocas que esquivó con “los Colmillos de Bestia”. Pasó el tiempo y los golpes, y el escenario desapareció devolviéndoles a Valleperdido, o lo que quedaba de él. Los dos estaban perdiendo facultades, el mentalista ya no podía leer la bloqueada mente de Alberto y éste prácticamente no podía romper la ardua defensa de su contrario.
            Iñiguez se internó en un edificio, el almacén de explosivos y pólvora, y Alberto lo siguió. Utilizó este fallo del enemigo y haciendo acopló se sus últimas fuerzas uso “el Trueno de Ventisca” haciendo estallar la construcción en mil pedazos. Los ciudadanos y sus amigos liberados; V-Víper, Seta, Davis y Peño, ahogaron un grito, hasta V-Víper comenzó a llorar mientras Seta trataba de consolarla. Pero una sombra les dio un vuelco a sus corazones, Alberto salía milagrosamente de entre las ruinas con Iñiguez sobre sus hombros y un brillo de esperanza en sus ojos verdosos. Todo había acabado y la victoria era para ellos.
            Sus amigos fueron liberados de sus ataduras y maleficios  y todos colaboraron en la lenta reconstrucción del valle. Iñiguez se unió a los ya convictos Modales, Alcalde y Jareño; y los lacayos del mentalista se marcharon tras ayudar a reconstruir Valleperdido, no eran tan malos como parecían.
            Y así acabó la fiesta del tercer aniversario de Valleperdido. No fue como esperaban pero no podéis decir que no hubo marcha.

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